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Ernesto fue un abad benedictino alemán de
Zwiefalten en la región de Wurttemberg entre
1141 y 1146, que en una peregrinación que
hizo a Tierra Santa para visitar los Santos
Lugares cayó cautivo en manos
de los musulmanes, que le condujeron a la
Meca (Arabia Saudí) donde después de haber
sufrido innumerables penalidades y torturas,
murió
el 7 de noviembre de 1148 mártir, día en que
se celebra su memoria.
Vivió de lleno en la época de la
primera cruzada. Fue ella la que
permitió abrir nuevos caminos para
los lugares santos a todos los
peregrinos. Y además, permitió la
fundación de cuatro pequeños estados
cristianos en tierras del Islám:
Jerusalén, Antioquía, Edesa y
Trípoli.
Ernesto
es sin duda un nombre de príncipe,
que
evoca la idea de valor, junto con una gran calidad
humana. Es protector de los predicadores
itinerantes.