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Santa
María Magdalena de Pazzi |
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Cuando
la transportaban a la enfermería después de hacer
sus tres votos, Magdalena tuvo su primer éxtasis que
le duró más de una hora. Su rostro apareció
ardiente.
Los especialistas dicen que cuando un alma se
consagra totalmente al servicio de Dios, el Señor le
concede al principio muy agradables consolaciones
espirituales, a fin de prepararle para los grandes
sufrimientos y las terribles pruebas que vendrán
después. Luego les llegan días de tinieblas
interiores para acabar con todo rastro de egoísmo y
llenar el alma de humildad y para convencerse de la
gran necesidad que tienen de la ayuda de Dios. Así
le sucedió a nuestra Santa. |
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Le
aparecieron en sus manos y en pies los estigmas o
heridas de Cristo Crucificado. Le producían dolores
muy intensos, pero ella se entusiasmaba al poder
sufrir más y más por hacer que Cristo fuera más
amado y más obedecido y por obtener que más almas se
salvarán.
Martirizada en su cuerpo por heridas dolorosísimas,
cuando los dolores se volvían insoportables, ella
pedía valor al Señor diciéndole: "Ya que me has dado
el dolor, concédeme también el valor". Y recibía
fuerzas sobrenaturales para seguir sufriendo sin
impacientarse ni quejarse. Además de los dolores
físicos le llegó lo que los santos llaman "La noche
oscura del alma". Una cantidad impresionante de
tentaciones impuras. Sentimientos de tristeza y
desgano espiritual. Falta de confianza y de alegría.
Sufría de violentos dolores de cabeza y se
paralizaba frecuentemente. La piel se le volvía tan
sensible que el más leve contacto le producía una
verdadera tortura. Pero en medio de tantos suplicios
seguía repitiendo: "Ni sanar ni morir, sino vivir
para sufrir". |
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El 25 de
mayo del año 1607, al morir quedó bella y sonrosada.
Tenía apenas 41 años. Su cuerpo se conserva todavía
incorrupto en el convento carmelita de Florencia
donde pasó su vida.
En el año 1626 el Papa Urbano VIII la beatifica. Fue
canonizada en 1669. |
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