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Santa
Mariana de Jesús Paredes Flores |
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Fiesta: 26 de Mayo |
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1618 - †
1645 |
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e
la llamaba también "La azucena de Quito"
porque en una enfermedad le hicieron una
sangría y la muchacha de servicio echó en
una matera la sangre que le había sacado a
Mariana, y en esa matera nació una Azucena.
Nacida en Quito (Ecuador) el sábado 31 de
octubre de 1618, de piadosos y nobles
padres, fue bautizada el 22 de noviembre en
la catedral y mostró desde sus primeros años
entera inclinación a la virtud,
especialmente al pudor y a la modestia
virginal. |
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Huérfana de ambos padres desde los
cuatro años, quedó al cuidado de su
hermana mayor y del esposo de ésta,
quienes la procuraron conveniente
educación.
Ya desde su temprana edad su día
estaba repartido entre la oración,
el trabajo y algún recreo. Nos dicen
sus compañeras que era muy inclinada
al servicio de Dios; que celebraba
todas las festividades de Nuestro
Señor y de su Madre santísima, y de
todos los Santos, sus devotos, con
mucha veneración, haciendo altares,
ayunando sus vísperas, provocando y
animando a todos para que hiciesen
lo mismo, sin ocuparse en juegos y
entretenimientos pueriles. |
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Solía
retirarse para orar a algún rincón de la casa, donde
la hallaban con las manitas juntas, repitiendo con
fervor angelical el Avemaría, que había aprendido
apenas supo hablar. Tenía singular afecto a la
Pasión del Señor, y desde entonces practicaba
penitencias y austeridades, que más adelante serían
mayores y más asiduas. A los ocho años hizo su
primera confesión y comunión en la iglesia de la
Compañía de Jesús, que desde entonces fue el lugar
escogido para su oración y vida espiritual. |
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Su
abstinencia y ayuno eran prodigiosos. Para
disimularlos hacía que le preparasen una comida
ordinaria, que luego secretamente repartía entre los
pobres, limitándose a tomar para sí algunos bocados
de pan, que en ocasiones amargaba con hiel, acíbar,
ceniza y hierbas. |
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A
principios del año 1645 se sintieron frecuentes
terremotos y desastrosas epidemias en Quito. La
ciudad estaba consternada. Mariana, conmovida por la
desgracia de su patria, ofreció a Dios su vida en
expiación de los pecados y en alivio de aquellos
males. Nuestro Señor aceptó la ofrenda, porque desde
aquel momento (26 de marzo) cesaron los temblores y
la ciudad comenzó a tranquilizarse. Mas apenas la
Santa se retiró del templo, donde había hecho ante
Dios su sacrificio, comenzó a sentir los
sufrimientos de la terrible enfermedad de la que
murió dos meses más tarde: apenas pudo llegar por sí
misma a su habitación y hubo de ir a la cama por no
poderse tener en pie. Recibidos los Santos
Sacramentos y entre sublimes afectos de amor divino,
entregó su purísima alma a Dios el 26 de mayo de
1645, a los veintiséis años de edad.
Fue
beatificada por el Papa Pío IX el 20 de noviembre de
1853 y canonizada por Pío XII, el 4 de junio de
1950. La Asamblea Constituyente de Ecuador, a 30 de
noviembre de 1946, en reconocimiento de la virtud
que la llevó a ofrecer su vida por la incolumidad
del pueblo, la llamó en solemne decreto "heroína de
la Patria". |
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